La Vida Consagrada es un Don de Dios a la Iglesia

82 Aniversario de San Pedro de Jesús Maldonado
11/01/2019
Comunicado
06/02/2019

La Vida Consagrada,  en todas sus formas,  antiguas  y  nuevas,  es un don de Dios a la Iglesia.  Debemos pedir incansablemente al Señor que llame a hombres  y  mujeres a seguirlo en una vida totalmente entregada.

En la dinámica del acontecimiento de la gracia que fue el Sínodo sobre la Vida Consagrada  y  su  misión en la Iglesia  y  en el mundo,   y  apoyándome en  la exhortación apostólica Vita Consecrata,  que recogió sus frutos,  quiero reafirmar con fuerza  y  convicción la necesidad de la Vida Consagrada para la Iglesia  y  para el mundo.

Una diócesis sin comunidades de Vida Consagrada,  “además de perder muchos dones espirituales,  ambientes apropiados para la búsqueda de Dios,  actividades apostólicas  y  metodologías pastorales específicas,  correría el riesgo de ver muy debilitado su espíritu misionero,  que es una característica de la mayoría de los Institutos” (VC,48).

ES  PRECISO  VIVIR  EL  CARISMA  FUNDACIONAL

Conviene,  a cada Instituto, centrarse en el carisma fundacional y recordar que la vida religiosa es para la misión de la Iglesia y se funda en Cristo,  el cual llama a entregarse totalmente a Él,  desde la perspectiva que recuerda San pablo: es Dios quien da el crecimiento a toda obra (1Cor. 3,4). Hoy más que nunca, para responder a los cambios, cualesquiera que sean, los  responsables de los institutos de Vida Consagrada deben estar atentos a la formación permanente de sus miembros, especialmente en el ámbito teológico y espiritual. Esta iniciativa no puede por menos de redundar en bien de la vida misma de los institutos.

PROMOVER  LAS  VOCACIONES  A  LA  VIDA  CONSAGRADA

Les animo a no escatimar esfuerzos por “promover la vocación y misión específicas de la Vida Consagrada,  que pertenece estable y firmemente a la vida y a la santidad de la Iglesia” (Pastores Gregis, 50).  Con su elocuente testimonio de consagración en el seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente en el centro de las realidades humanas en las están insertados,  los miembros de los Institutos de Vida Consagrada siguen siendo signos proféticos para el mundo y para la Iglesia; con su vida manifiestan el amor de Dios a todos los hombres,  manteniendo viva en la Iglesia la exigencia de reconocer el rostro de Cristo en el rostro de los pobres. Además, invitan a la comunidad diocesana a tomar una conciencia cada vez mayor del carácter universal de la misión de la Iglesia, y le recuerdan la urgencia de buscar ante todo el  Reino de Dios y su justicia, así como una fraternidad cada vez mayor entre las gentes.

Felicito a todos los miembros de la Vida Consagrada que trabajan aquí en nuestra Arquidiócesis,  sirviendo generosamente en los muy diversos campos: en las Parroquias,  en la educación de nuestros jóvenes y niños, en el ámbito de la salud,  en las casas de cuidado a personas mayores, en las oficinas del Obispado, en la Catedral, en el servicio social, en la evangelización, en las casas hogar para niños y jóvenes  y  otros más; no me cansaré de seguirlos animando para que continúen transmitiendo los valores humanos y el Evangelio, para que se pueda oír la llamada a seguir a Cristo y a participar en la vida eclesial.

Sé, porque lo he constatado, con qué paciencia y generosidad se entregan las personas, en virtud de su misma consagración al Señor,  mostrándose diligentes a favor de los más pobres y marginados, en una sociedad que muy frecuentemente los ignora. Esta dimensión de la caridad con los más pobres y los más  pequeños es prenda de credibilidad de las personas que, habiendo sido conquistadas por Cristo y habiéndolo contemplado, son capaces de reconocerlo en el rostro de aquellos con quienes Él mismo ha querido identificarse y manifestar su compasión por todo ser humano.

Exhorto a los Sacerdotes Diocesanos y a los Laicos, a no descuidar nunca la experiencia y el carisma profético de las personas consagradas, centinelas de la esperanza, testigos del Absoluto y de la alegría de la entrega total de sí.

INSERTARSE CADA VEZ  MÁS EN LA IGLESIA DIOCESANA

Cada Instituto de Vida Consagrada, conservando el carácter específico de su carisma, de su modo de vivir, de sus prioridades específicas, debe insertarse cada vez más orgánicamente en la Iglesia Diocesana. Tenemos un marco referencial que es el Proyecto Diocesano de Pastoral y además una realidad diocesana que nos invita a la comunión y participación.

EL  VIGOR  Y  LA  AUDACIA  DE  LA  DIVERSAS  COMUNIDADES,  NUEVAS  Y  ANTIGUAS

En nuestra Arquidiócesis la Vida Consagrada tiene múltiples facetas, haciendo coexistir comunidades antiguas y nuevas.

Todo esto contribuye a renovar la vida comunitaria, la vida litúrgica y el compromiso de la evangelización en numerosos ambientes. Todos deben recordar que ha de prevalecer siempre el espíritu de diálogo y colaboración fraterna al servicio de Cristo y de la misión. Invito a todos a vivir la caridad fraterna y a dar los pasos necesarios para que todas las fuerzas concurran a la unidad del único Cuerpo de Cristo y de la comunión en la misión evangelizadora.

EL  IMPORTANTE  PAPEL  DE  LA  VIDA  CONTEMPLATIVA

Es muy laudable el papel que desempeñan las comunidades contemplativas en la Arquidiócesis en virtud del testimonio y la oración, elevando el mundo a Dios y participando en la misión, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Estos lugares privilegiados contribuyen a la fecundidad apostólica de las parroquias, de los movimientos, del Seminario y de los diversos servicios diocesanos. Deseo que las comunidades contemplativas prosigan su testimonio en el seno de la Arquidiócesis invitando a los fieles a enraizar su vida y su acción en la oración, fuente de todo impulso misionero.

ENTUSIASMAR  A  LOS  JÓVENES  A  ACOGER  LA  LLAMADA

Conozco la generosidad de numerosos jóvenes en la Arquidiócesis,  estoy seguro de que el Señor sigue trabajando en su corazón para que respondan con generosidad a su llamada específica. Hoy quiero animarlos a no tener miedo de entregarse a Cristo, casto y obediente, en la Vida Consagrada, camino de felicidad y libertad verdadera,  y  decirles de nuevo con fuerza y convicción: “si sienten la llamada del Señor, no la rechacen”. Entren, más bien, con valentía en las grandes corrientes de santidad que insignes santos y santas han iniciado siguiendo a Cristo.

LA  IGLESIA  NECESITA  TESTIGOS  AUTÉNTICOS

Hoy, más que nunca, la Iglesia necesita testigos auténticos que manifiestan que el radicalismo evangélico es fuente de felicidad y de libertad.

Renuevo mi saludo cordial a todas las personas Consagradas: a las Contemplativas y a los miembros de Congregaciones e Institutos de Vida Religiosa Apostólica, confirmándoles mi estima por el insustituible testimonio de gratuidad,  fraternidad  y  esperanza que dan, no sólo a la Iglesia, sino también a la sociedad entera, siendo signos proféticos del amor del Señor, que quiere transformar el corazón de las gentes para hacerlas cada vez más conformes a su vocación.

Aseguro también mi cercanía espiritual a las Religiosas y Religiosos que están pasando por la experiencia de la ancianidad o enfermedad, que con su testimonio de santidad y oración,  pero también con su experiencia y su sabiduría, participan en gran medida en la fecundidad misionera de sus Institutos y de la Iglesia entera. María que acogió a Cristo con una respuesta de amor y de entrega total a la voluntad del Padre,  las sostenga con su solicitud materna.

Nada más me resta reiterar, en nombre propio y de toda la Arquidiócesis, celebrando hoy la Jornada Diocesana de la Vida Consagrada, mi agradecimiento a todos los Consagrados y Consagradas que sirven generosamente en nuestra Iglesia Particular, que el Señor los bendiga abundantemente y que María de Guadalupe acompañe y viva en cada una de sus comunidades.

+  Constancio  Miranda  Weckmann
Arzobispo  de  Chihuahua

2  Febrero  2019
Chihuahua,  Chih.

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