Jesús nos da la vida y la paz – Mensaje de Navidad 2018

Nombramientos Noviembre 2018
21/11/2018

¡Alegría Hermanos!, recordamos que en Navidad Cristo nos trae la vida y la paz. Su luz es más fuerte que las tinieblas del mal y las sombras de la muerte.

¡Alegría Hermanos!, recordamos que en Navidad Cristo nos trae la vida y la paz. Su luz es más fuerte que las tinieblas del mal y las sombras de la muerte.

En la noche de Navidad resuena el antiguo y siempre nuevo anuncio: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc.2,11). Resuena para quien está en vela, como los pastores de Belén; resuena para quien ha acogido la llamada del Adviento y, vigilante en la espera, está dispuesto a acoger el gozoso mensaje, que se hace canto en la liturgia: “Hoy nos ha nacido un Salvador”. Este anuncio que conlleva un impulso inagotable de renovación, resonando con singular fuerza en esa noche santa, memoria viva de su nacimiento prodigioso, que ha marcado el inicio de la historia. En Navidad el Verbo se ha hecho carne y ha venido a habitar entre nosotros (cf. Jn.1,14). 

En Navidad el tiempo se abre a lo eterno, porque tú, Cristo, has nacido entre nosotros surgiendo de lo alto. Has venido a la luz del seno de una mujer bendita entre todas, tú, el “hijo del Altísimo”. Tu santidad ha santificado de una vez para siempre nuestro tiempo: los días, los siglos, los milenios. Con tu nacimiento has hecho del tiempo un “hoy” de salvación.

“Hoy nos ha nacido un Salvador”. Celebramos el misterio de Belén, el misterio de una noche singular que, en cierto sentido, está en el tiempo y más allá del tiempo.Del seno de la Virgen ha nacido un Niño, un pesebre ha sido cuna para la Vida inmortal.

Navidad es el tiempo de la vida, es la fiesta de la vida, porque tú, Jesús, viniendo a la luz como todos nosotros, has bendecido la hora del nacimiento: una hora que simbólicamente representa el misterio de la existencia humana.

El anuncio de los ángeles a los pastores, es otro grito de alegría que embarga este tiempo bendito: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama Dios” (Lc.2,14). Nuestra confianza no puede vacilar, del mismo modo que no puede faltar la admiración de lo que en este tiempo conmemoramos. Nace hoy el que da al mundo la vida y la paz.

Jesús, no nace en un palacio real, nace en un establo y, viviendo entre nosotros, enciende en el mundo el fuego del amor para establecer su Reino eterno y universal. Este fuego de su amor que no se apagará jamás. ¡Que este fuego arda en nuestros corazones como llama de caridad efectiva, que se haga acogida y apoyo para muchos hermanos probados hoy por la necesidad y el sufrimiento!

Señor Jesús, que te contemplamos en la pobreza de Belén, haznos testigos de tu amor, del amor que te llevó a despojarte de la gloria divina, para venir a nacer entre los hombres y morir por nosotros. Suscita en cada uno de nosotros el compromiso de una respuesta más generosa a la vida nueva recibida en el bautismo.

Has Señor, que la luz que brota de la noche de Navidad, más resplandeciente que el día, se proyecte sobre el futuro y oriente nuestros pasos por la senda de la vida y de la paz,

Mis deseos y oraciones en esta Navidad es que Jesucristo, Príncipe de la vida y de la paz, nazca en el seno de su Familia y en su corazón, y que la dicha y la prosperidad inunde nuestro entorno.

Con aprecio y bendición:

+Constancio Miranda Weckmann
Arzobispo de Chihuahua

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