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ARQUIDÓCESIS DE CHIHUAHUA
CHIHUAHUA, CHIH.

12 AGOSTO 2017
CIRCULAR 38 / 17

ASUNTO: EL SEMINARIO
SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, SEMINARISTAS Y LAICOS

“SACERDOTIUM CHRISTI VIOLENTI RAPIUNT” (Lema en el escudo de nuestro Seminario).

Con gran alegría y un inmenso agradecimiento al Señor comenzaremos el próximo 17 de Agosto el Curso Académico 2017 – 2018 en nuestro querido Seminario.

Gracias Padres del Equipo Formador (el Señor Rector y los 10 Sacerdotes) por su generosa y valiosa entrega en la formación de los futuros pastores, que el Espíritu Santo los llene de sus dones.

Queridos Seminaristas como no reconocer su valentía y hacernos eco de su inmenso gozo al emprender este camino de discernimiento y escucha de la voz de Jesús que les dice: sígueme (32 en el Curso Introductorio, 36 en la etapa de Filosofía y 32 en la sección de Teología; un total de 100 guerreros valientes).

¡Ánimo, mis Amigos!

Ser Sacerdote es un don y un misterio. Un don porque nadie es digno de merecerlo y un misterio porque nadie es capaz de comprenderlo en su plenitud.

Cada Sacerdote es un gran regalo de Dios para su pueblo, un don de Dios para la comunidad; que refleja esa hermosura de Dios con su fe, esperanza y caridad, pidiéndole sencillez auténtica, virtuosa obediencia y fidelidad gozosa.

El Santo Cura de Ars expresaba la grandeza del Sacerdote, diciendo: “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina… Si comprendiéramos bien lo que representa un Sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor…”.

Quiero recordarles que todos somos responsables de las vocaciones sacerdotales, desde la promoción, tanto en lo visible de las actitudes pastorales, como en lo invisible de la íntima unión con Cristo. Es necesario acoger las vocaciones con ternura y con carácter, ayudándolos a mirar la vocación como un don, sin quejarse, sin la búsqueda de la excesiva comodidad, más bien, en la vivencia de la gratuidad; con la conciencia clara de que todo lo que se recibe viene de Dios, que es el origen de las vocaciones, de sus familias, de la Iglesia, de los Formadores, de los bienhechores particulares, de la colecta especial del Día del Seminario…

Tenemos la necesidad de una colaboración activa de todos los agentes de la Iglesia que toman parte en el desarrollo del llamado; de la importancia del testimonio Sacerdotal frente a los Seminaristas que nos visitan en las Parroquias y con los Seminaristas en tiempo de vacaciones, ya que ellos observan la vida del Sacerdote,
y revisan la coherencia de su actuar con la formación que se pide en el Seminario; de la importancia de la oración constante de los Laicos, para que el Dueño de la mies envíe trabajadores a su Iglesia y nos guíen por el camino del Reino.

El Seminario es el corazón de la Diócesis, donde palpita la vida de la Iglesia, es el termómetro donde se mide la fecundidad pastoral.

Que la Virgen María, maestra del Seminario de Nazaret, Reina y Señora de nuestro Seminario, acompañe ahora y siempre la formación de los futuros Sacerdotes. ¡Ánimo, a comenzar con alegría y gratitud un nuevo año en el Seminario!

En unión de oraciones:

+ Constancio Miranda Weckmann
Arzobispo de Chihuahua

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